No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.


Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Las 22:22 y la mentira de la conciliación

Las 22:22.

Llevo ya casi ocho años con reducción de jornada por crianza, peleándome con la mentira de la conciliación. Casi ocho años saliendo del trabajo a las diez de la noche, aunque siempre hay algún tiempo extra que se queda en el "debe". Casi ocho años dedicando las mañanas a nuestra familia, a nuestra casa o al cole. Casi ocho años criando por turnos.

Hace un tiempo hubo una moda en Twitter, la de publicar "2:22" (o "22:22") en la hora señalada. No sé de dónde salió, pero lo convertí en costumbre, y raro era el día que me lo saltaba. Era como "fichar". Aquello pasó al olvido, y ahora, años después, vuelvo a usar reloj. Podómetro, smartband, como quieras llamarlo. Una pulsera de actividad con la que controlo mi tiempo de ejercicio, mis notificaciones y me hace las veces de reloj. Ahora casi cada noche, de vuelta a casa, me dan las 22:22 al volante, en un camino que me conozco ya como una canción de verano.

El tiempo nunca es perdido, decía Manolo García. Yo cuento ya muchas horas que me faltan. Y las que están por perderse. Un "debe" que se me escapa por el agujero del bolsillo. Criar, paternar y cuidar por las mañanas, y perderme las tardes, las noches, los baños, los juegos, pero también las prisas, las tareas del cole, las discusiones y peleas de las cenas, los "papi, cinco minutos más". Vivir por turnos. Peor será cuando vuelva a mi horario "normal", espero, dentro de cuatro años.

Por ahora seguiré contando la horas cada tarde, y anotando mentalmente cada vez que las 22:22 me pillen al volante, de vuelta a casa.

P.D.: ✍ Esto iba a ser tan solo una foto y una reflexión más en mi cuenta de Instagram. Pero como dice mi amiga Mónica, el contenido que colgamos en las redes vuela y se pierde con la marea. Los blogs, este blog, el inicio y fin de todo esto, siempre está aquí. A la hora que sea.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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Comentarios

  1. Lo primero, un honor estar en tu blog como amiga, me llena de orgullo y alegría leerte. Lo segundo, que viva siempre el blog, este espacio que compartimos, a ratos, a veces más, a veces menos, pero que sigue siendo nuestro y de todo aquel que entra a leernos. Y lo tercero, qué mentira la conciliación...
    Y lo cuarto, gracias por escribirlo.

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    Respuestas
    1. Somos muy de blogs y mucho de blogs. Escribo poco ahora, pero creo que aunque con menos frecuencia, nunca dejaré de hacerlo ;)
      Y gracias por leerme y por comentar! BESOS!

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