No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Verano de 2018: Breve historia del tiempo

Ahora que llegó el otoño, es hora de hacer memoria, sacar la libreta y marcar los momentos para recordar. Cada verano desde que llegaron los padawanes, es como un reset, una nueva hoja de un calendario alternativo. Quizás por eso me gusta más pensar en temporadas que en años –y mi edad tampoco ayuda– o en meses. Recuerdo cuando contábamos el tiempo en meses, instigados por las costumbres inflexibles de médicos y pediatras a los que es imposible sacar de sus reglas y sus tablas.  Y mucho más atrás, recuerdo también los veranos de hace treinta o cuarenta años, que ni si siquiera los contábamos en meses, eran eternos. Ahora el estío, las vacaciones, son apenas unas semanas. Pero también algo así como una serie de experiencias y instantes para no olvidar.

Como cada verano en la Academia-Jedi se acumulan fechas de cumples y celebraciones. Nuestro aniversario se ha convertido en un rito casi mágico al que la Maestra-Jedi y yo no podemos ni queremos faltar. Tenemos otros, como el de la tradición de cada año, pero esto ya son bonus para ir subiendo nota. Cuando acaban los meses de calor, estas son las monedas de oro que quedan en el fondo de los bolsillos, la zurrapa de nuestra vida.

Luke y Leia con sus bicis recorriendo el paseo de la Ría de Punta Umbría al atardecer.
También este ha sido el verano del primer diente de leche perdido, de las primeras pelis en el proyector, y el de las bicicletas y de las rutas hasta el espigón para ver atardecer. Aún es pronto para que vayan solos por ahí con sus bicis, pero por ahora hasta agradezco tener que acompañarlos e intentar seguir su ritmo. Esos ratos a solas con los peques también subes nota y acumulas estellitas y caritas sonrientes. Los primeros días no dejaban de llamarme insistentemente para que mirara lo bien que montaban. Le gastan el nombre a uno. Luego, con el paso de los días y los paseos, lo que intentaban era enseñarme a montar en bici, para ir junto a ellos.

El verano empezó frío. Quedaban arreglos pendientes en la casa y además la Maestra-Jedi y yo seguíamos trabajando. Esto supone muchos kilómetros y muchas mañanas y tardes partidas. Y al final, después de pasar semanas en nuestra Academia-Jedi de verano, el mejor día de playa resultó ser uno inesperado, como suele ocurrir tantas veces. Quizás por eso son tan especiales. Luke, Leia, la Maestra-Jedi y yo, sin horarios, sin prisas, sin planes, y una escapada improvisada a uno de nuestros paraísos particulares. Los 40 grados son más llevaderos, más disfrutables y apetecibles, y hasta más divertidos en rincones así. Días que dan para pelearse con la marea y la rompiente, jugar en la arena, y contarse secretos con la Maestra-Jedi. El #slowlife del Algarbe portugués hace que el tiempo corra a otra velocidad, se reconcilia uno con la playa. Siempre nos quedará Praia Verde.

Luke y la Maestra-Jedi compartiendo charla y secretos en la playa de Praia Verde, Portugal.
Y también hay noches que apuntar es esa libreta. La noche de las Perseidas fue una de ellas. Contemplar una lluvia de estrellas es siempre una experiencia, aunque el patio trasero de casa no sea el lugar idóneo para ello. Daba igual. Aquella noche la pequeña Leia contó hasta cinco o seis estrellas fugaces cruzando el cielo, alguna bastante espectacular, y con cada una chillábamos y aplaudíamos entusiasmados. Hasta que se quedó dormida encima mío en la tumbona. Y lo de pararse el tiempo se hace realidad. Supongo que el tiempo se detienen en momentos así, para que el recuerdo no sea como la estela de una estrella fugaz.

El verano pasó. Es ya una serie de recuerdos, experiencias e instantáneas para atesorar. Hoy mis padawanes cumplen 82 meses. Y un montón inabarcable de recuerdos en mi breve historia del tiempo.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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Comentarios

  1. El verano es una época especial para disfrutar a otro ritmo de momentos que se recuerdan y que quedan grabados. Buena entrada.

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    1. Gracias. Sí, el verano es como una hucha, pero hay que llenarla de monedas de chocolate y buenos momentos ;)

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