Viernes dando la nota #203: Dylan

Cortito y al pie. Esta semana Bob Dylan cumple 76 años. En alguna ocasión he comentado que no es de mis artistas favoritos, y tengo que confesar que me he detenido nunca a leer o interpretar sus letras, ni a empaparme de sus discos. Nunca me llamó la atención, nunca me gustó especialmente Dylan. Claro que hasta él mismo dice cosas como "Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo". No sé si será la voz, o el estilo, no sé si será la época... "Yo no tengo una voz bonita. Yo no sé cantar bonito, y además no quiero". Al menos la actitud la tiene. Creo que de las canciones que le conozco –reconozco que no son muchas– me quedo con la historia tremenda de Hurricane Carter.

Seguramente muchos conoceréis y os gustarán temazos como el Blowin' in the wind, Forever young, Don't think twice it's all right, Mr. Tambourine Man, y tantas otras. Son himnos, canciones históricos, obras maestras. Pero no sé porqué,…

La magia de los Reyes

Ya están aquí de nuevo. Ya vienen los Reyes Magos. Holanda ya se ve. Como decía el año pasado por estas fechas, la culminación de las fiestas navideñas para muchos. Sobre todo para los más pequeños. El momento más mágico, emocionante, y lleno de ilusión. Ilusión es la palabra que mejor describe los días como éste. Mis padawanes son aún pequeños, aún no son plenamente conscientes de lo que ocurre, pero con tres años recién cumplidos ya disfrutan de estas fechas y de la magia los Reyes. En casa aún logramos evitar esa barbaridad del "Pórtate bien o los Reyes te van a traer carbón!" –y espero que nadie los chantajee nunca con eso–, pero llevamos toda la semana con la visita de sus majestades en mente, y les salta la sonrisa cuando hablamos de ellos.
Con las particularidades de mi trabajo y mis turnos, este año no pude ir con ellos a ver la cabalgata de Reyes –la Maestra-Jedi me wassapea que lo han pasado genial y me envía estas fotos–, pero un día antes sí fuimos toda la familia a ver el cortejo del Heraldo, que es más reducido, pero casi igual de festivo, y recoge las cartas de los peques a lo largo del recorrido. Pasé la mayor parte del tiempo con la pequeña Leia en brazos, saltando y bailando al ritmo de los tambores, pidiendo caramelos y cantando. Daba igual lo cansado que estuviera, o la cantidad de gente que había en la calle. Verlos sonreír maravillados, felices, guardando caramelos en sus bolsillos, riendo con los beduinos que acompañan al Cartero, aplaudiendo al ritmo de los tambores y trompetas, ya me quitaba todo el cansancio y hasta unos cuantos años de encima.

Porque en días como éste, ahora que vuelves a ver la magia a través de sus ojos, es como si volviera un poco a ser niño de nuevo. Y ya tengo ganas de montar los regalos en el árbol, y de disfrutar con ellos de la mañana de Reyes. Como cuando era niño. No es que yo tenga un interés especial en que crezcan creyendo en la historia –es un cuento a fin de cuentas– de los Reyes de Oriente, como en ninguna con raíces religiosas, pero el entorno casi te obliga a ello. Porque no puedes frustrar las ilusiones de los demás, empezando por las de tus propios hijos.
Hay que asumir que este tipo de temas siempre será controvertido. Mientras unos intentamos evitar connotaciones religiosas en todas las situaciones que podamos, la sociedad tiene asumidas ciertas tradiciones heredadas que son imposibles de esquivar. Fiestas culturales como la navidad o la semana santa son una tradición, una herencia común, más social que religiosa. Como decía hace un año, para disfrutar de los cuentos de hadas no hace falta creer en Campanilla. Y el caso es que yo no puedo permitirme robar la magia de los Reyes Magos a mis hijos. Ni a los demás. Ni quiero que mis hijos sean los que le frustren la ilusión a otros.

Ni yo quiero perdérmelo. Ni la Noche de Reyes –noche de niños–, ni la fantasía de los cuentos, ni la ilusión, la emoción, ni las caras de maravilla y asombro. Así que intentaremos mantener la ilusión de los Reyes a mis pequeños padawanes todo el tiempo que nos sea posible. La magia de los reyes también consiste en hacernos a todos un poco más felices por un rato, un poco más niños. Feliz Noche de Niños.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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