No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Talla 26 (y II)

(Parte 2)
Decía en la Parte 1 que las últimas zapatillas que le he comprado a Luke son de la talla 26. Y que a mí la talla 26 ya me parece grande, que el pequeño padawan –como su hermana– se está haciendo grande demasiado rápido... Y sin embargo, para algunas cosas, sigue siendo aún muy pequeño. Aún demasiado pequeño. Los padawanes tan solo tienen 2 años y 10 meses, y hasta hace muy poco, este verano pasado, no les quitamos los pañales. El inicio de curso no sólo supuso tener nuevos horarios, nuevos ritmos y nuevas rutinas. También hemos tenido que prepararnos. Ya hablamos de tener a los pequeños acostumbrados a ir al baño por sí mismos, que comieran solos, y que fueran lo más independientes posible. Además de como desarrollo personal de los peques, para intentar hacer el inicio de su vida escolar lo menos traumática posible. Aún les cuesta algo bajarse y subirse la ropa cuando van al baño, por ejemplo. Son capaces de manejarse solos, pero aún necesitan que los guiemos, que estemos con ellos. Os recuerdo: 2 años y 10 meses, talla 26.
Luke y Leia son de los pequeños más pequeños del cole, nacidos en diciembre, y se nota, sobre todo a estas edades. Uno de los amigos que comparte pupitre con Luke es de enero, con lo que es 11 meses mayor que él. Con el paso de los años, estas diferencias se atenuarán, aunque siempre serán los más peques. Pero ahora con tan sólo 3 años, una diferencia de 11 meses es abismal. Yo siempre los voy a ver como mis pequeños, supongo la idealización y la deformación paternal es algo inevitable. Voy a pensar en la talla 26 durante mucho tiempo.

Mientras, seguimos con los aprendizajes. Y en el empeño de que sigan avanzando, superándose y desarrollándose, a veces caigo en el error de empujarlos, de presionarlos. Con la de veces que he comentado aquí mismo que cada niño es un mundo, y que cada pequeño tiene su propio ritmo, en ocasiones me encuentro metiéndoles prisa. Prisa para que hagan algo, para que aprendan, para que crezcan. ¿Seré tonto?

Acabo de comprarle las zapatillas de la talla 26 a Luke, y espero que le duren todavía algún tiempo.

(¿Continuará?)

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