No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Talla 26

(Parte 1)
Sonrisas de la talla 26. Son las que gasta el pequeño Luke, todo alegría y felicidad cuando juegas con él. Saltos de la talla 26, desde cada escalón que ve, desde cada bordillo. Besos de la talla 26, como los que le da a la Maestra Jedi cuando llega a casa y nos pilla en medio de la comida, tenedor en mano y churretes en todas partes. O como los de la talla 26 que le da a su hermana Leia, cuando la pequeña está triste, o cuando se enfada y no quiere dejarle su muñeco de Papá Pig. Risas, y hasta carcajadas, de la talla 26, cuando me empeño en hacerle cosquillas, o ponerle caras raras. Risa floja de la talla 26. Y gritos de la talla 26 cuando empezamos a inventar un nuevo idioma simulando hablar en francés como hacía Joey en la serie 'Friends' –"Je te flu flip!"–.
Entusiasmo de la talla 26. Es la mejor palabra para definirle. Está pasando por una racha muy buena, portándose genial, siempre contento, y muy cariñoso. Casi siempre está sonriendo. Y cuando no, es fácil conseguir sacarle una risa. Abrazos de la talla 26. O agarrones de la talla 26 a mis piernas cuando corremos por el pasillo, o cuando aparezco en la puerta del cole para recogerlos y llevarlos a casa. Que me recibe con esa mirada feliz de la talla 26, todo ojos y sonrisa, al verme entre el caos de madres y abuelos. Carreras, saltos, patadas, y hasta pisotones de la talla 26. Juegos de la talla 26. Y la baba que se nos cae con él, también de la talla 26.

Zapatillas de la talla 26 para Luke, las últimas que le he comprado, No sé a vosotros, pero a mi la talla 26 ya me parece grande. Se está haciendo grande demasiado rápido...

(Continuará...)

¡Que la Fuerza os acompañe!
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