No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

"Gugu-Tata"

El verano pasado ya os conté que los pequeños padawanes sabían más que Briján. Eso era cuando tenían un añito y medio, poco más. Os podéis imaginar un año después. Cada uno a su modo, han ido entrenando y perfeccionando sus habilidades y poderes jedi. No sé cuántos sentidos pueden llegar a tener, pero el sexto lo tienen hiperdesarrollado. Y especializado en detectar nuestras debilidades, y estrategias para explotarlas y hacerse fuertes.
Hace unos meses, el –ya no tan– pequeño Luke ha empezado a experimentar con una estrategia nueva: "el bebé de 15 kilos". Ha detectado que cuando alcanza un logro, como comer solo, llevar su plato a la cocina, medio vestirse, o usar bien el orinal, le felicitamos y alabamos, hacemos fiesta y le decimos que ya es "un niño grande". Pero eso no siempre le interesa. Cuando quiere mimos, empieza a chapurrear "gugu-tata", como si fuera un bebé. Y no para de decir que él es "shico, pequehnio", o "yo no sabe". O cuando quiere que hagamos por él algo que no le apetece en ese momento, como colorear un dibujo, hacer alguna actividad en la tableta o en sus libros, o recoger algo, vuelve con el "gugu-tata", "yo no sabe". Le decimos que no es un bebé, pero Luke insiste, ya medio en broma, medio empecinado. Es algo que no termina de gustarme, pero tampoco es que sean mentiras propiamente dichas, sino un camino de la Fuerza un tanto perdido que está explorando.

Lo curioso es que si lo pienso, el pequeño aprendiz es capaz de discernir que ya es mayor, y no un bebé, y encuentra la forma de escaquearse, intenta engañarnos, aunque sea medio en broma y con una sonrisa enorme en la boca. Y también ayuda que cuando se pone en plan 'bebé', nos conquista, es adorable, comestible –a besos– casi, y en más de una ocasión, es imposible resistirse a darle los mimos y carantoñas que pide. Y a veces hasta me alegro de que de vez en cuando siga siendo y portándose como un bebé. Ya lo echaré de menos, ya...

¡Que la Fuerza os acompañe!

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