No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Vocabulario: 'Saber más que Briján'

En Huelva se usa una expresión, bastante extendida, y de la que siempre me gusta explicar su origen, cada vez que se da la ocasión: 'Saber mas que Briján'. Y últimamente la ocasión se da a menudo.

Huelva tiene una importante influencia inglesa, desde finales del siglo XIX y principios del XX, por la actividad portuaria y minera de la zona. Fundaron multitud de instituciones y levantaron construcciones por toda la provincia. El barrio de la Victoria en Huelva, las antiguas casas de veraneo en Punta Umbría (nos estamos alojando este verano en una), la fundación del Club Recreativo de Tenis y el de Fútbol, decanos de estos deportes en España, y muchos otros ejemplos.

Tan importante era la colonia inglesa que tenían sus propios servicios y sus propias escuelas. Y por lo visto, entre los profesores había uno, muy popular, llamado O'Brian, y que debía saber mucho, y mucho de todo. No me preguntéis cómo es posible pasar de O'Brian a Briján. Para eso hay que tener el oído, el habla y la pronunciación de aquí.

Ahora al caso. Este verano ya he publicado algún post y alguna foto playera. Estamos pasando unos días con la familia en Punta Umbría, que para la gente de Huelva es como nuestra playa familiar. Muchos nos hemos criado aquí. Los peques están con su abuela, sus primos y sus titos. Especialmente Luke está como loco con su Yeya, o su Lela, según cómo le dé por pronunciarlo. Es verla y correr a sus brazos. Y tengo que reconocer que mi suegra (a la que adoro) es genial con los niños.
Además estas semanas hemos llevado a cabo (y buen término) la 'Operación Chupete', que con 19 meses no está nada mal. Ni ha sido traumático, ni complicado, ni trabajoso. No se acuerdan de él ni para dormir.

A cambio, para acostarlos tenemos que echarle un ratito más y un poco más de paciencia. Tranquilizarlos y dormirlos, más o menos a buena hora. Abrazarlos, acunarlos, cantarles (o recitarles 'La canción del pirata' de Espronceda, como hace la Maestra Jedi). Es lo que pasa cuando lo único que quieren es seguir y seguir jugando, que no pare la diversión.

Alguna noche que hemos salido a cenar, se han encargado de ellos sus titos, y al parecer, en estas ocasiones no han dado guerra, ni llantos, ni lucha por seguir con la fiesta. Los dejan en su cuarto, los mandan a dormir, y hasta la mañana siguiente.

Cuando Luke quiere salirse con la suya, recurre a la Yeya. Cuando intentamos acostarlos a la hora de la siesta, llantos y resistencia asegurada al menos 20 ó 30 minutos. Sin embargo, si es la Yeya o la tita la que los lleva a la cama, ahí se quedan, tan tranquilos, conformes. Pero claro, a papá y mamá ni caso, con nosotros sí se puede guerrear y resistirse. Saben a quien sí y a quien no pueden recurrir, y a quien sí y a quien no pueden torear. Saben ya más que Briján. Santa paciencia, le dicen. ¡Miedo me da la vuelta a casa!

Y es que salirse de la rutina tiene estas cosas.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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