No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.


Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Etiquetas: madraza, padrazo


Uno de los mantras mas repetido en esto de la crianza y la paternidad es que no debemos poner etiquetas a las niñas y niños, pero no paramos de etiquetar a las madres y a los padres. Hace poco volví a escuchar que me llamaban eso de padrazo –no, no fue Pau Almuni–. Siempre he tenido una relación difícil con esa palabra.

Es habitual escuchar cómo se opina, se juzga, se etiqueta y se encasilla a los adultos en grupos, sobre todo de manera despectiva, sobre cómo crían y cómo viven su maternidad y paternidad: madres helicóptero, padres tigre, madres segadora... Yo también lo hago, lo reconozco. Todos lo hacemos. Las etiquetas son muy cotidianas, demasiado. No las podemos evitar, forman parte de nuestro lenguaje y nuestra forma de pensar. Pero las usamos alegremente sin pararnos en el efecto y las consecuencias que pueden traer.

Incluso las etiquetas supuestamente positivas también pueden tener efectos tóxicos. Y de las que más me incomodan son madraza y padrazo. Serán cosas mías, pero es un runrun que siento cada vez que escucho alabar a alguien de esta forma. La madraza suele catalogar a la mujer únicamente como madre, aplaudiendo la abnegación y entrega, e invisibilizando otros perfiles como persona. Y por comparación además menosprecia al resto. Puede ser una etiqueta con apariencia de alabanza, pero que perpetúa los roles de género, y la carga de la maternidad, la crianza y los cuidados sobre la mujer.

Ese runrun mío me dice que Padrazo no es más que otra forma de micromachismo. Aplaude y alaba el compromiso de un hombre con la crianza que debería ser normal. Se etiqueta como extraordinario que un padre haga tareas de cuidados, que se involucre en un papel que no le corresponde, algo que se le presupone de forma natural a las mujeres –pero que no se les valora en la misma medida–. Elogiar a un hombre por lo que debería hacer normalmente, el efecto picha, es otra forma de perpetuar el mismo papel criador y cuidador de las mujeres. Es lo que la sociedad espera de ellas, es "su rol".

Y os repito que puede que sean tonterías mías. Habrá infinidad de madres y padres a los que les encante que los llamen madraza o padrazo, siempre es agradable recibir palmaditas, casito, halagos y reconocimiento, sobre todo cuando se trata de nuestras criaturas y de cómo los criamos. Pero el runrun –esto lo escribí en 2013– en mi mente está siempre ahí.

Travieso, aplicada, inquieto, cabezota, lista, responsable, malcriado, creativa, calzonazos, madraza, padrazo.... Dejemos de etiquetar. A niños y niñas, y a padres y madres.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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Comentarios

  1. A mi tampoco me ha gustado nunca que me etiqueten de padrazo, me incomoda. Pero lo de etiquetar, es innato lo hacemos con todo, no hay manera.

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    1. Si, es algo inevitable. Pero bueno, hay al menos que ser consciente de lo que hacemos y decimos ;)

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