No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

El tito Kiko

Hace poco el tito Kiko vino de visita a casa y estuvo un día entero con los peques. Es increíble lo bien que se lleva con los niños, si pienso en lo poco que lo ven, puesto que mi hermano vive a casi 500 kilómetros, y no puede venir muy a menudo. El pequeño Luke se le echa encima tras pensárselo sólo unos segundos al verlo en la entrada de casa, y lo recibe con un cariñito y un achuchón. Leia quizás tarde un poco más en recuperar la confianza y soltarse con él, pero termina cayendo en sus brazos igualmente.
Como os contaba en una entrada reciente, Luke y Leia son máquinas de agotar, jugando, charlando, bailando, corriendo... Después de un buen rato jugando con ellos, cansado de tanto perseguir y levantar en brazos a los padawanes, mi hermano se puso con Leia a 'leer' uno de sus cuentos, algo más tranquilo. Y más de media hora después, nos preguntaba: –"Pero, ¿esta niña no se cansa nunca?". Es lo que tiene venir a verlos tan de higos a brevas, que te encuentras de sopetón con la realidad. Y más aún si encima te llevas tan bien con ellos, y te toman por su juguete nuevo del fin de semana.

Es una pena no tener a la familia tan cerca como quisiéramos. Aparte del desahogo y la ayuda que puedan prestar, a los niños les vendría genial y les volvería locos poder jugar a menudo con su primo Rafa, o pasar la tarde en el parque con la tita Rocío, o ver cómo va creciendo el pequeño Alonso. Y sobre todo con la abuela Cecilia, la "Yeya", la persona que hace desaparecer al resto del mundo para el pequeño Luke. De hecho, este post podría haberlo escrito sobre cualquiera de ellos; sobre el tito Pablo y sus muecas y juegos, o la abuela Isabel y sus cuidados y cariños, o la Madrina Pilar y sus canciones y cuentos. Pero el tito Kiko es que que tenemos más lejos, y al que menos ven los peques. Y es mi hermano.

Ya estamos esperando a la siguiente visita, para el segundo cumpleaños de los pequeños, en pocas semanas. Y volveremos a tener un buen rato de –"¡Tito Kiko! ¡Tito Kiko! ¡Tito Kiko!".

¡Que la Fuerza os acompañe!
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