No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Alerta spoiler: los Reyes Magos

Regalos bajo el árbol de Navidad y la chimenea encendida la noche de Reyes en la Academia-Jedi.
Ya pasaron las fiestas. Y este año, a pesar de que en la Academia-Jedi hemos tenido momentos muy especiales y mágicos, no he publicado nada sobre ello. Otros años, incluso me sentí con el impulso de escribir la misma Noche de Reyes después de prepararlo todo bajo el árbol de Navidad, a la espera de que se desatara la magia. Pasaron las fiestas, sí, pero sigo encontrando relatos y recuerdos, y algún que otro debate sobre ciertas cuestiones. ¿Existen los Reyes Magos?

La respuesta es tan ridícula como la pregunta, obviamente. En realidad la cuestión va sobre si mantener o no la mentira y el engaño de Papá Noel o los Reyes con nuestros pequeños. Mi amiga Itzel lo explica a la perfección es este post, y lo hemos comentado entre amigos, todos con criaturas en casa. Las madres y padres le damos muchas vueltas a todo esto, no nos gusta mentir a nuestros hijos, y no queremos que la mentira sea algo habitual en nuestra crianza. La sombra del desengaño o las expectativas frustradas están siempre ahí. Y las cuestiones y connotaciones religiosas son otro tema que a algunos nos rechina, y hasta nos repele. Y como casi siempre, la respuesta y las mejores herramientas que tenemos para afrontar esto son el respeto, el cariño y el sentido común.

Pienso que todo es mucho más natural y orgánico de lo que nos planteamos los adultos a veces, aunque como es normal le demos muchas vueltas a todas estas dudas. En su proceso de aprendizaje y autoconocimiento, ellos piensan antes que nosotros en sus propias respuestas, en una que les valga en casa situación. Y las disfrutan y las asumen con naturalidad, a su ritmo, y conforme a su necesidad de entender hasta este punto o hasta aquel otro. Nuestra misión también está en ayudarles a que sus respuestas y soluciones no sean equivocadas o perjudiciales.

Mis padawanes, con siete años recién cumplidos, ven que algunos de sus amigos y amigas van a clase de religión, a ver procesiones o asisten a misa. Y otros que, como ellos, no lo hacen. Y no le dan importancia. Unos creen en unas cosas y otros en otras. A unas familias les gusta Papá Noel y les piden regalos al acercarse la Navidad. Y otros, como en nuestro caso, a los que nos ilusionan más los Reyes Magos. Aún no siendo religiosos. Y no pasa nada. Ellos lo ven y lo viven con normalidad. Al final, no es tan complicado como nos lo montamos los adultos en la cabeza –es normal, yo también lo hago– como para ellos. Lo miramos y procesamos desde nuestro punto de vista, con nuestros filtros adquiridos –incluido el religioso–, nuestras vivencias y nuestra tendencia a racionalizarlo todo, pero para ellos es aún todo más orgánico y más natural, porque en su manera de ver el mundo aún sobrevive esa espontaneidad y esa magia. Y no pasa nada.

La maestra-Deji retocando el maquillaje de la pequeña Leia, disfrazada de paje para la cabalgata de Reyes.
De hecho, en uno de esos momentos especiales de estas fiestas que os decía al principio, mi pequeña Leia ha participado de la cabalgata de Reyes del pueblo, ha visto a la directora de su cole pintada de negro como el Rey Baltasar repartiendo regalos y caramelos. Incluso ella misma iba en la carroza vestida de paje y con la cara pintada de negro. Y no pasa nada. ¡Es normal! Ella ha vivido la mentira desde dentro, y aún así, la noche del 5 de enero vienen los Reyes y les traen regalos.

Yo mantengo la misma idea: no hay intención ninguna de que crezcan creyendo en el cuento de los Reyes de Oriente. Pero no me gusta ni quiero frustrar la ilusión de nadie, empezando por la de mi hija y la de mi hijo. Ni que ellos le spoileen el secreto a otros. Así que asumo la tradición y la herencia cultural. Como decía hace un par de años, para disfrutar de los cuentos de hadas o de Star Wars no hace falta creer en Campanilla, o en el Maestro Yoda. Yo no puedo permitirme robar la magia y la ilusión de los Reyes Magos a mis hijos, ni a los demás. No quiero que se pierdan ese proceso de aprendizaje y esa revelación poco a poco de la realidad, que la descubran a su ritmo y según su curiosidad y sus necesidades.

Para ciertas cosas, como ésta de la magia de la Navidad, merecen vivir la experiencia y disfrutarla. Son sus séptimas navidades, y como si fueran también las mías. No sé cuántas más como estas, intensas, inocentes y envueltos de magia, sonrisas y papel de regalo, nos quedan por vivir en la Academia-Jedi, pero nos acercamos al final de temporada, al desenlace. Una cosa sí tengo clara, ya sé lo que quiero pedir para próximas noches de Reyes: evitar los spoilers antes de tiempo y no arruinarles la película, y que descubran el secreto cuando toque.

Pero esta es sólo mi opinión. ¿Y la vuestra?

¡Que la Fuerza os acompañe!

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Comentarios

  1. Mi enano va a cumplir 10 en un mes largo y aún cree. Es que ni se lo plantea. Y me da que va a tardar en pillarlo siendo como es. Tampoco pienso desilusionarlo si aun cree en la magia, el ratón Perez y demás. Ya tendrá tiempo de vivir la realidad y recordar con cariño los tiempos mágicos que ahora vive.

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  2. Mis mellizos de 8 creen, aunque empiezan a hacerse preguntas. Pero creen, con muchísima ilusión. Y a pues juntillas. No somos religiosos. Ni del Norte. Ni catalanes de pura cepa. Pero heredamos tradiciones y las disfrutamos. Así que mis hijos creen en Papá Noel. Y en el Tió que caga chuches en casa y bicis en casas ajenas. Creen en el Ratoncito Perez, qué trae monedas, aunque a Meganito le trajeron un avión de juguete. Y creen en los Reyes Magos. En los tres. Como yo creía a los 6 años cuando hice de paje negra y me pinté la cara junto a Baltasar. Y un día sospeché. Y otro me hice la loca. Y otro investigué armarios. Y luego tuve hermanas pequeñas y hice de paje oficial... La ilusión es tremenda y preciosa, yo no les quiero robar eso a mis hijos con cosas de adultos. Ya suficiente que adultizamos su mundo constantemente. Y como dicen mi par de dos: si crees, sucede, lo importante es creer. :)

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  3. Es un rompedero de cabeza, a ratos inicio conversación con ella, y luego me pregunto ¿me estará entendiendo? ¿estare frustrando la magia y el mito?.... muy difícil

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  4. Cangrejito tiene 10 y el cree en PapaNoel. Dice que hay niños que no creen, pero él sí.

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  5. Totalmente de acuerdo. Para nosotros es un juego... como un juego de rol en el que te metes en la historia hasta las pestañas y la vives intensamente. El juego de la magia, de la ilusión, de dar más emoción a la vida... No lo vivimos como una mentira. este año el mayor me vino con el tema de que ya sabía que los Reyes magos no existían, pero que quería seguir jugando porque de otra manera las Navidades son más rollo, a pesar de que los regalos lleguen igualmente. Es que no es lo mismo...

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