Viernes dando la nota #203: Dylan

Cortito y al pie. Esta semana Bob Dylan cumple 76 años. En alguna ocasión he comentado que no es de mis artistas favoritos, y tengo que confesar que me he detenido nunca a leer o interpretar sus letras, ni a empaparme de sus discos. Nunca me llamó la atención, nunca me gustó especialmente Dylan. Claro que hasta él mismo dice cosas como "Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo". No sé si será la voz, o el estilo, no sé si será la época... "Yo no tengo una voz bonita. Yo no sé cantar bonito, y además no quiero". Al menos la actitud la tiene. Creo que de las canciones que le conozco –reconozco que no son muchas– me quedo con la historia tremenda de Hurricane Carter.

Seguramente muchos conoceréis y os gustarán temazos como el Blowin' in the wind, Forever young, Don't think twice it's all right, Mr. Tambourine Man, y tantas otras. Son himnos, canciones históricos, obras maestras. Pero no sé porqué,…

Pepito Grillo

Pepito Grillo tenemos todos. A veces lo escuchamos, a veces lo ignoramos. Pero estar, está siempre ahí. Lo que ocurre es que incluso aunque nuestra pretensión sea siempre la de ser racional, calmado y mesurado, en ocasiones nuestro Mr. Hyde interior echa a perder las buenas intenciones y ahoga las voces de la cordura con forma de insecto con chistera. Y luego nos arrepentimos, claro.
Yo estoy empezando a sentir ese arrepentimiento cada dos por tres, demasiado a menudo. Porque resulta que tengo un Mr. Hyde interino un tanto impredecible. No me doy cuenta de ello, pero me sale solo. Aún sin perder el control, sin enfadarme o sin estar regañando a los pequeños padawanes, me descubro a veces hablándoles en un tono demasiado alto, demasiado imperativo. Y entonces aparece Pepito Grillo. Y resulta que, mira tú por dónde, tengo un segundo Pepito Grillo. Uno de unos 20 kilos, y una sonrisa enorme.

Y menos mal. La kryptonita de Mr. Hyde no tiene mucho misterio. Basta con que le hable al pequeño Luke en un mal tono, o más alto de lo normal, y él me mire, con ojos distintos, y me diga sin tapujos: –"¡Pero no te enfades!", o –"¡No te pongas así!". Y la realidad me suelta un bofetón. Este personaje de 20 kilos me da una lección, y me enseña en tan solo un momento lo mal que lo hago, tantas veces. Sin darme cuenta de mi defecto, sin mala intención, ni siquiera sin perder los nervios ni estar enfadado o riñéndole. Lo hago mal, y él me lo enseña. Muchas veces hasta con una sonrisa, aunque me mire con ojos distintos.

Tan simple como eso. Mr. Hyde se esfuma, se vuelve a su gruta oscura, se entierra con el cansancio y el sueño acumulado, el estrés, la falta de tiempo y los malos momentos a los que recurre como coartada, pero que no sirven de excusa posible. Lo único que Luke quiere es que no me enfade con él. Que no deje de quererlo ni siquiera ese segundo, que no le hable mal, que no le levante la voz. Que no lo maltrate. Él me lo enseña. Y yo tengo que aprender.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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Comentarios

  1. La verdad es que Hyde viene a visitarnos a todos muchas más veces de las que deseamos. Es como el vecino gorrón: aunque venga pocas veces, por poco que sea, siempre serán demasiadas.
    Menos mal que los tenemos a ellos. ;)

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    1. Sip, al final ellos son nuestros mejores maestros, y los que nos enseñan el camino ;)

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