No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Kilómetros, playa y catálogos

"Vacaciones a medias", podría haberse titulado este post. Aún me quedan días para poder olvidarme del trabajo por un tiempo y disfrutar a tope de los padawanes y la playa. Con mi reducción de jornada solo trabajo por la tarde, así que por las mañanas hay tiempo para bañador, cubo y pala, protector solar y chapuzón. Lo malo es que entre la playa y mi centro de trabajo hay unos 90 kilómetros de distancia. Así que me toca comer kilómetros. Cada día. O casi cada día.
La Academia-Jedi de verano
Salir de la redacción pasadas las 10 de la noche, ahora que aún hay restos de luz en el cielo, y llegar a la Academia Jedi de verano cuando ya los padawanes están descansando. No está mal del todo, es lo que más o menos hago el resto del año, salvo por el kilometraje. Otra cosa es dejarlos a mediodía en la playa, para irme a comer solo –casi siempre–, y montarme de nuevo en el coche. Eso lo llevo peor. Esa hora al volante se me hace dura. Pero al menos puedo pasar un buen rato bañándome con los peques.

Con tres años y medio, este es su primer verano con la suficiente autonomía e independencia como para que disfruten libremente –y acompañados– del baño y las olas. A veces con 'manguitos', otras veces sin ellos. Aún no saben nadar, pero van teniendo dominio y practican sin miedo. Ya lo de ir a la playa tiene un significado parecido a ir al parque, o a una fiesta. Lo disfrutan a tope. Y nosotros también.
A todo esto se suma la consciencia que ya van demostrando los peques. Me despiden con besos cuando me voy, y Luke me abraza y me mima cuando descubre que he vuelto a casa. Me hacen sentir especial. Entienden esta rutina que se ha instalado en nuestro día a día, aunque no sepan de distancias ni geografía, pero el hecho de mostrar ese cariño, y de sentir esa falta y esa alegría me compensa de todo. Y por compartir todo esto con nuestra complicidad de siempre con la Maestra-Jedi, que también me lo hace todo más fácil, y más intenso.

¿Qué me faltaba...? Ah! Sí, lo de los catálogos. Entre ratos de playa, kilómetros de carretera y horas en la redacción, por si acaso llegara a aburrirme, estamos inmersos en plena mudanza, a una nueva y más espaciosa Academia-Jedi. Así que me esperan unas vacaciones tremendas. Pero eso ya es otra historia.

¡Que la Fuerza os acompañe!
Síguenos en Facebook.

Comentarios

  1. Madre mía!! Y nosotros tenemos la playa a menos de 1 km y nos da una pereza increible! Un plas plas plas por ese esfuerzo, se ve que el resultado merece la pena!! Y de mudanza... Espero que esas "tremadas" vacaciones sean por momentos inolvidables y que vayan muy bien!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, es la casa que alquila la Abuela-Jedi cada verano, a 50 metros de la playa (y otros 50 de la Ría, la otra playa de Punta). Yo, hasta que no empiece las vacaciones, me toca coger el coche cada día. Y la mudanza, pues poco a poco... Nuca se acaba ;)

      Eliminar

Publicar un comentario