No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

El regreso: ¿Te acuerdas de casa?

Regreso a casa tras unos días geniales de vacaciones. Nos hemos hartado de jugar, de correr por todas partes en pañales (y hasta sin ellos), por la playa, por el jardín, de jugar con la Yeya y con el primo, de probar comidas nuevas y de pasear por sitios distintos. Por el camino se han quedado atrás los chupetes, y nos hemos traído algunas nuevas palabras.

Pero ahora empieza el reacondicionamiento. Y me temo que va a costar. La pequeña Leia empezó pasando toda la primera noche llorando, asustada y desubicada en su cuarto. No había forma de calmarla ni dormirla. Y sin sus chupes menos. Luke ni se ha enterado, menos mal. Pero con él nos ha tocado otra escenita.

Por la mañana han empezado el día como si nada hubiera pasado. A las 9 en planta, jugando, riendo y explorando la casa. Hemos ido a aprovisionarnos de fruta, y luego al parque. Y ahí ha sido el segundo Expediente X. Luke no quería ver su tobogán o su columpio ni en pintura. Llantos, pataletas, berrinches. Un numerito. De vuelta a casa, y más de lo mismo.

Al parecer ahora echar la siesta es un castigo o algo parecido. Se resisten con lloros y lamentos. Al menos parece que las comidas las están haciendo con normalidad, pero manteniendo el agua apartada de su vista, porque una vez echado el ojo a la botellita o al vaso, ya sólo quieren beber.

Es como si no recordaran su propio hogar, y estuvieran en un lugar nuevo, extraño y hostil. Y en parte pienso que porque estos días de veraneo han estado con más gente alrededor, más diversión y más atención por parte de todos, y extrañan a la Yeya, al primo, bajar a la playa, y todo lo demás. Así llevamos dos días.

A ver si poco a poco se acostumbran de nuevo al ritmo más tranquilo de casa, y empiezan a recordar y recobrar sus rutinas, su parque, y sobre todo, su habitación y sus cunas, para dormir como antes.

Nosotros estamos ya empezando a necesitarlo.
¡Que la Fuerza os acompañe!

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