viernes, 25 de noviembre de 2016

Viviendo con el enemigo

En la década de los 80, la fotógrafa Donna Ferrato realizaba instantáneas sobre las personas y el amor. Su foco se centraba en parejas que frecuentaban los clubs de sexo de Nueva York, donde encontró a la pareja perfecta para enfocar su trabajo. Felices, ricos y a la moda, le dieron la bienvenida en su casa durante semanas para que documentara sus vidas.

Una noche, ella fue testigo de algo totalmente inesperado: El marido atacó brutalmente a su esposa, golpeándola en la cara. Ferrato tomó una foto pensando que eso haría que él parara. Pero no lo hizo.
Pasó meses sin saber qué hacer, sin revelar ese negativo, sin revelar lo que había presenciado. La normalidad se mastica, y al final se traga. Pero hay veces que no es posible pasarlo, y hay que escupirlo. Nadie las quería publicar, decían que esto no tenía interés. A principio de los 90 nadie hablaba de la violencia doméstica. La normalidad. Si a una mujer le pegaba su pareja era porque se dejaba, o lo merecía. Aquello comenzó a definir el trabajo de su vida: la documentación de los horrores de la violencia de género y doméstica.

Visitó refugios de violencia machista, salas de emergencia, programas de maltratadores, comisarías y cárceles. En 1991, se publicó "Viviendo con el enemigo", un libro que, por primera vez, revela en detalle impactante de la violencia privada que pasaba dentro de los hogares estadounidenses. Unos años más tarde, su icónica foto de una mujer con dos ojos amoratados apareció en la portada de la revista Time. Lleva más de 30 años fotografiando y documentando el maltrato a las mujeres en EEUU, lo que la ha llevado al activismo, a ser un referente del fotoperiodismo como herramienta de denuncia y compromiso, y a crear una fundación contra la violencia machista.

De toda la serie, hay una fotografía de la que me apetece hablar especialmente. Fue tan impactante que acabó por publicarse en la revista LIFE. Allí se explicaba la historia de Diamond, el niño que llamó a la policía para denunciar por malos tratos a su propio padre, y que al llevárselo la policía le recriminó sin miedo, adoptando un papel adulto que no le correspondía.
Diamond, el niño de apenas unos ocho años, se coloca desafiante delante de su padre maltratador, señalándole, acusándolo, con un aspecto de madurez y firmeza impropia de su edad. Su padre rehuye la mirada y la acusación de su hijo e intenta esconder el rostro de la cámara. ¿Arrepentimiento? ¿O sólo vergüenza? ¿Derrotado y humillado? La madre, la víctima, entre los dos policías, casi en la penumbra, escondida. Los policías hacen su trabajo, pero alguien tiene que denunciar.

El texto de Ferrato que acompaña a esta fotografía es tan impactante como la imagen en sí. Fue el pequeño quien llamó a la policía al ver que su madre se encontraba en peligro, y al llegar los agentes para detenerle se puso delante de él y le gritó “I hate you for hitting my mother and I hope you never come back to this house.” (Te odio por pegar a mi madre y espero que no vuelvas nunca a esta casa).

En una entrevista de 2007 le preguntaron:
Periodista: ¿Por qué pegan los hombres?
Donna Ferrato: Porque pueden.

Hoy es 25 de noviembre. #25N. Día Mundial contra la Violencia de Género. BASTA YA.

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6 comentarios:

  1. La gente hace lo que hace porque puede... Y porque carecen de moral
    También existen quienes pueden y no lo hacen porque les parece MAL
    Yo me rijo por una frase muy sencilla: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.
    Muy bueno el post.

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    1. Gracias. Si, la frase expresa sobre todo la posición de los hombres y del patriarcado en la sociedad, más que el poder de un tipo en particular, pero está claro que la moral, la educación y la humanidad de cada uno marca la diferencia.

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  2. Tú lo has dicho. La policía hace su trabajo pero alguien tiene que denunciar. Y ante el miedo de que esa denuncian no prospere y se pierda el juicio, las víctimas se callan. Da mucho miedo pensar que el presunto agresor quedará libre de cargos y es posible que vuelva con sed de venganza.
    Queda mucho por hacer aún, empezando por los jueces y juezas que en muchos casos tienen una falta de delicadeza brutal hacia la presunta víctima.
    No es tan fácil denunciar para salvarse, a veces es mejor salir corriendo.
    Y no volver.

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    1. Correr, plantar cara, o denunciar... El caso es escapar de esto. Y visibilizar, defender y amparar a las víctimas, ponerlas en situación de no tener que seguir viviendo con miedo.

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  3. Siempre me queda una sensación de perplejidad ante estos temas. A ver si puedo "decirlo" de forma clara y resumida.
    Cuando se estrena una película como "La Pasión" o "Apocalypto" de Mel Gibson, nunca faltan los "personajes" que se rasgan las vestiduras sobre lo violentas de algunas escenas y de que no es "necesario" mostrar tales. Creo que todos sabemos (o lo espero!) cuál y cómo fue la historia de este mundo, de estas sociedades en las cuales estamos; y desde que el mundo es mundo hay seres (y me limito a llamarlos así, sin lo de "humanos") que no conocen otro modo de imponer sus razones, sus ideas, sus principios, o sus credos. Pero estamos acostumbrados a poner la "mugre" debajo de la alfombra, si no lo veo, no existe; como cuando se es niño, me cubro los ojos y me escondo. Pero no es así. Los romanos hicieron atrocidades; los conquistadores hicieron atrocidades, los mismos aborígenes hacían atrocidades... el hombre es capaz de crueldades infinitas. Violencia física, violencia psicológica, violencia verbal... Violencia, punto. Algo que no debería existir, ni contra la mujer, ni contra los niños, ni contra los animales, ni contra los hombres.
    Educación, pilar fundamental. Respeto y Tolerancia, principios insostituibles.
    Han pasado siglos, miles y miles de años de historia... y aún no hemos aprendido nada.

    Muy buena entrada, y disculpá mi desvarío... un beso.

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    1. Nada que disculpar. La educación es la única salida y arma que tenemos. La única forma de mejorar.

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