Viernes dando la nota #203: Dylan

Cortito y al pie. Esta semana Bob Dylan cumple 76 años. En alguna ocasión he comentado que no es de mis artistas favoritos, y tengo que confesar que me he detenido nunca a leer o interpretar sus letras, ni a empaparme de sus discos. Nunca me llamó la atención, nunca me gustó especialmente Dylan. Claro que hasta él mismo dice cosas como "Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan. La mayor parte del tiempo quiero ser yo mismo". No sé si será la voz, o el estilo, no sé si será la época... "Yo no tengo una voz bonita. Yo no sé cantar bonito, y además no quiero". Al menos la actitud la tiene. Creo que de las canciones que le conozco –reconozco que no son muchas– me quedo con la historia tremenda de Hurricane Carter.

Seguramente muchos conoceréis y os gustarán temazos como el Blowin' in the wind, Forever young, Don't think twice it's all right, Mr. Tambourine Man, y tantas otras. Son himnos, canciones históricos, obras maestras. Pero no sé porqué,…

Niños libres, #BesosLibres

Hay una situación social muy común, muy habitual, muy normal. Todos lo hacemos. Todos somos partícipes de esta convención social. Llegamos, y besamos para saludar. Nos vamos, y besamos para despedirnos. Educación, es la forma más común de describir esta convención. Somos conscientes de qué significa un beso. Puede ser más afectivo, más cariñoso, más respetuoso, más casto, más travieso. Pero todos sabemos qué beso damos.

Para un niño o una niña pequeña, un beso no es cuestión de educación. Si quieren demostrar cariño, por imitación, besan. No son maleducados por no querer dar un beso a alguien. Ni siquiera a alguien cercano. Y mucho menos si es a alguien –para él o ella– desconocido. Un día te dan un beso, porque les brota, te quieren, se alegran de verte, y al día siguiente, queriéndote igual, no te lo dan. Es así de simple. Y si no quieren dártelo, te fastidias. Es así de simple.

En muchas ocasiones nos hemos descubierto obligando a los pequeños a besar, en contra de su apetencia, de sus ganas, de su voluntad. Bajo la excusa de demostrar educación. Cuando lo que de verdad sería educar correctamente es enseñarles a decir NO cuando quieran decir NO. Porque hay muchas formas de pedir, incluso de pedir un beso, y también hay formas de negarlo, de decir NO. Incluso educadas.
Yo le doy besos y cariños a mis padawanes. Constantemente. Y se los pido. Si me los devuelven, soy feliz. Es un contacto especial, la mejor de las sensaciones, por muy efímera que sea. Te regalan un microsegundo de felicidad en su simpleza, te llenan. Pero es eso, un regalo. Y los regalos hay que darlos libremente. A veces, al pequeño Luke no es necesario ni que se los pidamos. Le encanta darnos y devolvernos besos, a todos. Hasta se pone besucón, y nos conquista con tantos cariños. Leia no es tan expresiva, pero también tiene sus momentos. Pero espero que nunca, nunca, se me ocurra reprocharles una negativa. Mucho menos enfadarme.

Decía el compañero Javier de Domingo que pedir los besos está bien, pero hay que saber pedirlos, disfrutando del cuando te besan de buena gana, y aceptando y respetando el NO. Porque significa que son libres, sin presiones, sin manipulaciones, sin condiciones. Ni premios ni castigos. Respeto. Libertad.

Los niños debe ser libres para decir NO, y ser respetados. Ignorar a los pequeños e insistirles para que besen a alguien por mantener una convención de adultos, una educación de adultos, o por evitarnos una situación incómoda con un tercero, es enseñarles que el NO –su NO– se puede ignorar, que no se le respeta. Y como padre, eso es algo que no quiero que aprendan. Quiero que aprendan a sentirse libres para decir NO a un adulto.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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