No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Un día en las carreras

Los que seguís este blog (y los perfiles de las redes sociales) os hacéis una idea de lo poco folclórico que somos soy por norma general, aún siendo andaluces y viviendo en Sevilla. Pero hay acontecimientos y tradiciones que uno no debe perderse. La Saca de las yeguas en El Rocío es algo a lo que yo no había asistido nunca, y este año, con la obsesión que el pequeño Luke demuestra por las jacas, era algo a lo que no podíamos faltar. Ya en la Feria de Sevilla se volvía loco viendo tanto caballista, así que en El Rocío, lo iban a flipar.
La suerte que tenemos es que a la tita Rocío le encantan estas cosas, y es muy "echá p'alante", así que aunque nosotros trabajábamos ese día, lo organizó todo para que les llevara a los padawanes temprano hasta El Rocío y no se lo perdieran. El pequeño Luke repetía cansinamente en el trayecto: "La Yeya, la Yeya, la Yeya...". Era su única preocupación. Iba a ver a su abuela, y eso le bastaba para hacer el pequeño viaje con una sonrisa de ilusión. Lo de las jacas ya vendría después. Y la pequeña Leia nada más llegar se lanzó a los brazos de su tita Rocío y la madrina Pilar, y ya no quiso saber más de nadie. Nos colocamos en una calle por donde iban a pasar las yeguas y los yegüerizos –jinetes que guían el ganado con sus varas–, y cuando llegaron, fue todo un espectáculo. Sólo vimos pasar una tropa, a la carrera, entre relinchos, estruendo de cascos, y polvo, pero no sé cuántos animales podría haber allí entre yeguas y potros. En las fotos no se llega a captar bien el momento ni la sensación. Luke miraba asombrado, serio, y sólo al rato, cuando amainaba el ruido, empezó a gritar "¡Jaca, jaca, jaca...!". Luego buscamos un poco de sombra, y los dejé jugando con su primo Rafa. Yo tenía que volverme para trabajar, pero los padawanes se quedaban allí, en casa de la tita Rocío y el tito Pablo. Sólo un par de días, hasta que por fin vayamos a la playa.
La Saca de las yeguas es una tradición centenaria, regulada desde el siglo XVI. Los yegüerizos salen a buscar a las yeguas marismeñas y sus potros a distintas zonas de las marismas de Doñana, y las reúnen en la playa frente a El Rocío. El día 26 de junio de cada año, las dirigen hacia Almonte, pasando antes por la aldea, donde las yeguas son bendecidas en la Ermita. Forman tropas o lotes para entrar en el pueblo, y hacen un recorrido a la carrera por sus calles hasta llegar al recinto donde se le realizan varias faenas, como el corte de las crines y el herrado de las potras, para su venta. Es algo similar a la conocida tradición de la "Rapa das bestas" que celebran en el pueblo gallego de La Estrada. Unos días después, las yeguas son conducidas de nuevo a la marisma, donde permanecerán hasta junio del año siguiente.

Y seguramente la tita Rocío nos volverá a llevar a ver correr a las yeguas.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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