No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Juegos de mesa

Una cosa es comer, tener buenos hábitos, probar alimentos y variedad de comidas, y tener en general una alimentación sana y equilibrada, y otra distinta montar una fiesta en la mesa entre tenedores y platos. Los pequeños padawanes comen relativamente bien, salvo la mala tarde que tiene cualquiera. Aún recurrimos de vez en cuando a los purés y comidas trituradas, pero cada vez más comen platos normales. Y de todo. Desde la socorrida pasta o las patatas fritas hasta ensaladas, pescados, o incluso caracoles. O el cacolate. La pequeña Leia tiene mejor boca, es más proclive a probar cosas nuevas, y le gusta siempre todo. Un mediodía nos sorprendió pidiendo un tomate aliñado. Luke es algo más tiquismiquis, y nos cuesta horrores que coma fruta como no sea triturada, por ejemplo.
El caso es que esta semana hemos estrenado sillas, unas pequeñas de Ikea, y le hemos dicho adiós –espero que definitivamente– a las tronas. Aún son pequeños, pero la mesa que tenemos en casa es bajita, así que con las sillitas nuevas llegan perfectamente. Y les deja mayor libertad de movimientos y posibilidades de interacción –¡qué peligro!–, entre ellos y con el resto de la mesa. Se sientan, imitando lo que hacemos nosotros, y por el momento las han aceptado de maravilla. A ver lo que dura.

Hace un par de días tocaba experimento. Comida nueva: puré de patatas con salchichas frescas al vino. Nada complicado ni demasiado extraño. Los padawanes se pusieron sus baberos –¡benditos baberos plastificados!–, se sentaron como dos personitas en miniatura, y empezaron a comer. Asombroso, todo controlado. Miedo me daba hacer ruido y romper la magia. Después de vigilarlos un rato me fui a la cocina, y al cabo de un un par de minutos, empiezo a escucharlos reirse. Primero un poco, y luego a carcajadas. Salgo a ver qué es lo que ocurre, imaginándome ya todo lleno de puré, las sillas por el suelo, y la comida chorreando por la pantalla de la tele o las cortinas. Y me los encuentro sentados en las sillitas, mirándose de frente, y dándose de comer el uno al otro. Y a cada tenedor con puré o salchicha que Luke o Leia metían en la boca del hermano, una nueva carcajada... Hasta que no pude evitar empezar a reírme yo también.

Al final acabaron comiéndoselo todo, entre risas de los tres. Lástima no haber tenido reflejos para grabarlo en vídeo, y que los viera la Maestra-Jedi. Fue uno de esos momentos que te reconcilian con "los terribles dos años", que también pueden ser geniales.

¡Que la Fuerza os acompañe!

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