No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

De contratiempos y soluciones improvisadas

Muchas veces he tenido en mente el concepto de 'el equilibrio imposible', o cómo vamos llevando todo para adelante, haciendo malabares, manteniendo horarios demenciales y solucionando carencias y necesidades según se presentan. Es un equilibrio delicado, y puede romperse en cualquier momento, siempre en peligro; un horario mal ajustado, un retraso en una entrega, un berrinche en mal momento o una discusión, un despiste o un malentendido, una visita inesperada...

El sábado pasado sufrí un cólico nefrítico. Imagino que os podéis hacer una idea, así que no voy a dar más detalles de los necesarios. Menos mal que era fin de semana y estaba la Maestra Jedi en casa, porque doblado de dolor en el suelo poco podría haber hecho yo solo, casi ni vestirme, menos aún solo con los pequeños padawanes. Viendo el cariz que tomaba la situación y que había que ir al hospital sí o sí, y ya, la cuestión era qué hacer con los peques. Obviamente no los íbamos a llevar a Urgencias con nosotros. Llamar a alguien de confianza y que se prestara en tiempo récord, llevarlos con algún conocido o familiar cercano...

Es uno de esos momentos en los que piensas, sientes, sabes, cuánta falta hace tener la familia cerca. Y nosotros no la tenemos. Como poco a una hora de carretera, siempre que estén listos y con el motor del coche encendido, como en las pelís de ladrones de bancos. Así que colocamos a los peques con unos buenos amigos, mientras mi hermana venía de camino para hacerse cargo de ellos. Llamadas apresuradas, más dolores, prisas, nervios. Finalmente mi Maestra Jedi pudo llevarme al hospital, yo era completamente incapaz de valerme por mí mismo, hecho un trapo. Una no muy lejana obstrucción intestinal que de dejó una cicatriz de 41 grapas y nosecuántos centímetros, y unos recuerdos horrososos, añadía un poco de ansiedad y pánico a mi estado.

Una vez superada la crisis, descubierto el problema y prescrito un tratamiento, me encuentro de nuevo en condiciones, aunque dolorido. No estoy de baja, si no tengo otro ataque, pero en cualquier momento puedo volver a sufrir otro. O puedo expulsar la piedra de 3mm que me han detectado. Y la Mamá tampoco tiene derecho a días si no estoy ingresado. Esto también es conciliación, ¿no? ¿Cómo se mantiene 'el equilibrio imposible'? ¿Cómo me arriesgo a que pase estando solo a cargo de Luke y Leia?

Uno nunca piensa en estas cosas. Lo natural es estar en constante alerta y preocupación por la salud y el bienestar de los hijos. No eres consciente de la necesidad de tu propia salud. No por propio beneficio, sino por no encontrarte en la situación de no poder hacer nada, no poder estar pendiente de los niños, cuidarlos, atenderlos, o simplemente continuar con la crianza. Aunque sólo sea por poco tiempo, días o semanas.
Con la familia, aunque estén alejados, nunca faltará ayuda. La Yeya está con nosotros un par de días, y el resto de la familia pendiente hasta que pase todo. Pero uno no puede evitar sentir algo de miedo por encontrarse de nuevo en la misma o parecida situación, y no saber qué hacer con los pequeños padawanes, o con quien dejarlos, o verse incapaz de cuidarlos. Con el paso de los días, al final 'el equilibrio imposible' vuelve a restablecerse, poco a poco. Quizás distinto, pero estable de nuevo. Más que nada porque no hay más remedio, es inevitable. Aunque hayamos perdido algunos midiclorianos y ganado 4 ó 5 canas nuevas en el proceso.

¡Que la Fuerza os acompañe!

P.D.: A fecha de hoy, aún no he expulsado la piedra...


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