No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Divide y vencerás

Desde hace un tiempo estamos alucinando con los progresos de los pequeños padawanes. Cada día nos sorprenden con algún avance, alguna ocurrencia o alguna trastada. Una de las cosas que cada vez vemos más nítida es lo diferentes que son entre ellos. Es como si cada uno fuera a su ritmo, cosa que de hecho es así. Cada niño es un mundo, van aprendiendo, madurando y creciendo a su ritmo propio, mientras sus personalidades y aptitudes se van asentando. Y a cada uno hay que ofrecerle lo que necesite, dentro de nuestras posibilidades, claro.

Y estamos viendo que precisamente ese ritmo diferente que tienen cada uno puede ser un problema a la hora de realizar actividades educativas con ellos. A Leia le encanta 'leer', pintar y jugar con los números, las palabras y los colores. Y Luke es más físico, le gusta hacer carreras, lanzar cosas y montar batallitas caseras con papá. Así que cuando nos ponemos con algún juego educativo o alguna actividad, la pequeña Leia siempre se adelanta, y la mayor parte de las veces no deja participar a su hermano de la misma forma. Salta a la primera, alzando los brazos y sonriendo: "¡Amahíllo!", "¡Seven!", "¡Kíkihikíiii!". El pequeño también participa, pero entre que no parece tener la capacidad de concentración ni el interés de su hermana en las 'lecciones', y que ésta no le deja intervenir a su gusto, prefiere seguir jugando a sus cosas.
Además está también el efecto mellizogeddon, cuando no hay forma humana de que los dos están tranquilos, sin empujarse o quitándose de las manos cualquier cosa, y prestando atención, cuando no gritando cada uno lo que tenga en ese momento por la cabeza, o simplemente intentando escapar, correr, agarrar el juguete o el muñeco de turno y ponerse a jugar. Hay ocasiones en las que manejar a los dos a la vez e intentar que estén relajados y atendiendo es tarea que ni Bruce Willis con Han Solo de wingman podría llevar a cabo.

El caso es que cuando el pequeño Luke está más tranquilo y solo, se pone con los libros y los muñecos, a 'leer' y 'charlar'. Así que estamos intentando que tenga más interés en los juegos educativos, los cuentos y las charlas. Intentamos organizarnos para ponernos uno de los dos con él, sin la hermana, a leer un cuento, pintar números o jugar con libros. Incluso aprovechando las escasas ocasiones en las que estemos los dos en casa, lo ideal sería ponernos cada uno con uno de ellos. Multitud de blogs y publicaciones achacan como causa de un posible retraso en las habilidades del lenguaje y cognitivas al hecho de ser mellizos o gemelos. Esto ocurre porque los múltiples pueden pasar menos tiempo relacionándose individualmente con sus padres, que tienen que 'repartirse'. Se les estimula menos, por una mera cuestión de tiempo. Para evitarlo, es importante que pasemos todo el tiempo que podamos a solas con cada uno de ellos, por separado o en pareja, e intentar que se relacionen y estimulen individualmente, sin interferencias del otro hermano.

¡Y qué diferencia cuando te tienes que enfrentar sólo a uno de los dos! Parece todo más fácil, más manejable. Además de no haber tantas interrupciones ni interferencias entre ellos, es como si se portaran mejor, como si estuvieran más tranquilos y concentrados sin la presencia del hermano. Hasta hemos llegado a comentarlo alguna vez entre nosotros, lo fácil que parece (y digo parece) cuando estamos sólo con uno de ellos. Supongo que también forma parte del regalo de tener mellizos.

De todos modos, sólo tienen dos años, y pasan casi todo el día juntos. Rara vez se pelean, y es una gozada verlos jugar juntos, 'charlar' e interactuar. Incluso a veces uno de ellos viene y te pide galletas o patatas para el otro, y están aprendiendo a compartir, aunque esto ya cuesta un poco todavía. En realidad, es el instinto el que marca la pauta. La rutina hace que todo sea más fácil, aunque como siempre, todo lo que se necesita es mucho cariño y sentido común.

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