No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

¿Cinco cosas educativas que los padres hacen mejor que las madres?

Un buen amigo, y papá de dos mellizos que nacieron justo el mismo día pero un año antes que los nuestros, compartió conmigo en twitter un enlace a un artículo publicado hace poco en ElConfidencial.com, y ya con el título me llamó mucho la atención.
Y sí, encuentro este titular un tanto... rotundo.

¡Cinco cosas educativas que los padres hacen mejor que las madres!

Voy a repasar los puntos del artículo, y a comentarlo desde mi propio punto de vista, como padre de dos mellizos, hombre involucrado activamente en su crianza corresponsable, y defensor de la conciliación.

El texto empieza comentando que cada vez son más los padres que se involucran de manera activa en la crianza de sus hijos, y da ciertos motivos. Son indiscutibles. Pero dudo que el nivel que quiere dar a entender sea el que realmente existe en nuestras ciudades. Ni por asomo. Solo hay que ir a un parque o una sala de espera de pediatría para ver la relación de padres/madres presentes.

Y continúa con lo positivo de esta 'nueva' situación. Sobre esto sólo me queda apostillar que, obviamente, cuanto más y mejor tiempo pasan los padres con sus hijos, más enriquecedor es para ellos. El artículo se apoya en que la diversidad de formas de criar enriquece. Obviamente. Incluso da igual si es padre o madre, o dos papás, o dos mamás, añadiría yo.

Y ahora vamos con el meollo, las cinco 'cosas educativas'.
¡Qué educativo es esto, papi!
La primera se supone que nos toca a los padres porque sí, porque somos más brutos y estamos programados para la acción y el roughhouse, y como a los niños les gusta armar jaleo y pelearse jugando o jugar pelándose, pues qué mejor que un primate papá para enseñarles a jugar sin romperse nada o sin romperle la nariz al hermano, o para diferenciar lo que es un contacto aceptable o no. Tengo que reconocer que a mí me encanta revolcarme con mis enanos, empujarles y voltearlos. Muchas veces he acabado rodando por el suelo con ellos, entre risas y gritos. Sobre todo con Luke, que es más de contacto físico que su hermana. Pero digo yo que para árbitro/entrenador podría valer cualquiera, ¿no? ¿Las mamás no disfrutan de esto?

También nos toca a los papás lo de transmitir tranquilidad. La sobreprotección por lo visto es cosa de mamás. También es verdad que yo no me agobio demasiado por que se caigan o se den pequeños golpes, y me gusta que aprendan por sí mismos a levantarse, a reponerse, y que sepan lo que hacen. Tanto como a la madre. Por el contrario, yo soy más pesado cuando se trata de que los niños coman y beban lo suficiente. Entiendo que esto dependerá de cada persona. Habrá padres y madres más paranoicos e inseguros, y los habrá más tranquilos y relajados. Como dice el propio autor, es un asunto sobre el que es difícil generalizar.

Los papás también sabemos jugar de igual a igual con nuestros hijos. Deportes, videojuegos, dibujos... Imagino que los hombres somos menos maduros para nuestros gustos y aficiones, y muchos alargan por años y años una especie de síndrome de Peter Pan. Nos gusta vernos como unos eternos jovenzuelos, y jugar con nuestros pequeños nos devuelve un poco a la infancia. Luke y Leia son aún muy pequeños, pero yo estoy deseando que llegue el momento de, por ejemplo, darnos un maratón de StarWars o de partidas a algún juego de la Play7. Por ahora me conformo con bailar con ellos cuando les pongo rock n'roll en casa.

También cuenta el artículo que los papás sentimos más satisfacción que las mamás con la crianza de nuestros pequeños, que sabemos disfrutar de los hijos. Supongo que esto está en relación con el punto anterior, aunque me parece que generalizar de este modo es pasarse un poco. Y no veo la 'cosa educativa' por ninguna parte. Cuando de lo que se trata es de crianza compartida, corresponsablidad y conciliación, el reparto de papeles, si lo hay, obedece al perfil de cada uno, y no a ser hombre o mujer.

La quinta y última 'cosa educativa' que según parece hacemos mejor los pad...PRRFFFFFFffffff... NO PUEDO SEGUIR. Según un iluminado de Connecticut, las papás somos más capaces de transmitir amor y de forjar la personalidad de nuestros pequeños que las mamás. Así, en general. En fin, no sé en qué estudios se basan, pero este punto realmente no puedo tomármelo en serio. Y menos aseverándolo de forma tan general y arquetípica (y antigua). Mejor no me meto en que me parece hasta rancio y canónico.

Ya entrando en las conclusiones que da el artículo, aparte de connotaciones anticuadas, queda claro que no todos los padres somos meros sostenes económicos de la familia, ni todos somos patriarcas anquilosados y paternalistas. Como tampoco somos todos ahora padres estupendos, dedicados en cuerpo y alma a criar a nuestros hijos. Somos Son pocos los que asumen totalmente la corresponsabilidad de la crianza, ya sea por imposibilidad de conciliación o simple y llanamente por desgano. O por comodidad, por tradición, o incluso por presión familiar y social..

Pero venir ahora a 'demostrar' que los hombres también tenemos instinto (p)maternal parece cosa del que asó la manteca. Es cierto que a mi se me puede dar mejor o peor alguna de las 'cosas educativas' que comenta el artículio. Pero cada padre es un mundo, cada hijo es un mundo, y cada familia es una galaxia que no deja de girar y cambiar. Hay padres más involucrados, y otros más tradicionales. Incluso cada madre es distinta. Ana Mato (con perdón) decía en una entrevista que su momento preferido del día era cuando veía cómo vestían a sus hijos... Sin comentarios.

Además, generalizar así a la ligera es sinónimo de poner etiquetas. Y perdonad que os diga, ni soy mejor ni peor padre que nadie, ni hago una, cinco o cuarenta 'cosas educativas' mejor o peor. Yo lo único que sé es que soy padre, y la mayor parte del tiempo la crianza de mis hijos me sale de forma natural, instintiva.

Y lo que no me sale, intento aprenderlo e imitarlo de la madre.

¡Que la Fuerza os acompañe!
Síguenos en Facebook.

Comentarios