No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Los días de la marmota

Hoy toca un post aburrido. Aburrido porque voy a hablaros de la rutina, a contaros, así por encima, cómo es el día a día de los pequeños padawanes (y de paso aclaro para los no frikis lo que significa padawan aquí, o aquí). Siempre he escuchado eso de que la rutina es el mejor aliado a la hora de criar a nuestros pequeños. Y se acerca bastante a la realidad, pero hasta cierto punto. Otro día hablaré de cómo sufren los peques los cambios en sus rutinas diarias.

No sé muy bien por dónde empezar. O mejor dicho, por cuándo empezar. El día empieza y termina con la noche. Y no sé si contar al principio que por norma general Luke y Leia duermen durante toda la noche de un tirón desde que tenían pocos meses, o dejarlo para el final, por aquello de los papás que sufren las malas noches de sus pequeñ...

OH WAIT!!! 

No, en serio, a veces comentamos la mamá y yo la suerte que hasta ahora estamos teniendo con ellos. No costó nada acostumbrarlos a dormir en su cuarto, al contrario. Aunque hay noches que tenemos que levantarnos, porque pierden el chupete, o se dan algún golpe con algún barrote de la cuna. Pero por norma general, las noches son tranquilas, hasta las 8 ó 9 de la mañana.
Debo comenzar diciendo que mis pequeños no van a la guardería. Me encargo yo de ellos. Todas las mañanas tenemos nuestra sesión de juegos, de lectura, de galletas, de carreras por el pasillo, de Peppa Pig, y de canciones en inglés con Sunny y sus amigos. La anarquía rutinaria. Pero lo que intento no dejar de hacer nunca es sacarlos a jugar al parque. El paseo me sirve a mi también de escape, y de descanso. Y aprovecho para hacer visita obligada al carnicero, al frutero, al pescadero... y todos les hacen fiestas y juegos a los enanos. Desde que tenemos a los pequeños consumimos más productos frescos, y se nota. Luego en el parque el rato es para ellos. Juegan, interactúan con otros amigos —nota mental: escribir un post sobre la chiquipandi— corren, trepan, ríen, y se lo pasan pipa.

Toca la comida. A las tronas, a esperar a que papá caliente los potitos (caseros, mamá se pega una paliza semanal preparándolos), o les haga 'lo que toque hoy'. Un bol o un plato, una cuchara, y dos bocas. Alternando niño y niña, que como me salte a uno, se me cabrea. "Y no tardes en traer los yogures de la cocina, papá, que te la montamos"...

Tras comer, intento que estén un rato relajados, y normalmente ya ha llegado la mamá a casa, así que los llevamos a que echen su siesta. Tranquilamente, sin estresarlos, y se quedan calmados en sus camas, o 'charlando' hasta que finalmente se duermen un buen rato. Luke hasta duerme dos horas si tiene una siesta tranquila.

En esa horita entre que llega la mamá y yo me tengo que ir al trabajo, comemos, y me relajo 5 minutos. Cuando vuelvo por la noche, ellos ya están durmiendo. Por la tarde la madre se encarga de la merienda, a base de fruta, salir a comprar, jugar con ellos, bañarlos, darles la cena y acostarlos. Y el proceso por norma general es el mismo, aunque hay días que no colaboran y dan más guerra de lo acostumbrado. Tras relajarse con un cuento del gato Sunny, y pertrechados con su chupete, tranquilamente los lleva a la cama, y se quedan conformes, calmados, y, con suerte, durmiendo.

Hasta mañana.

Hoy toca un post aburrido. Aburrido porque voy a hablaros de la rutina, a contaros, así por encima, cómo es el día a día de los pequeños padawanes (y de paso aclaro para los no frikis lo que sign... ¡Ah, no, calla! ¡Que esto ya no hay que volver a empezar otra vez!

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