No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

"En un agujero en el suelo, vivía un hobbit..."

"En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad..."

Este es el principio de un principio. 'El Hobbit' es el primer libro que recuerdo, pero no el primero que leí. Antes de él había leído ya muchas cosas, como casi cualquier niño: algunos de Los Cinco, o de Barco de Vapor, aventuras de Emilio Salgari, o de Verne, cuentos infantiles... Pero no recuerdo ninguno de ellos especialmente, sus argumentos, sus personajes, o la experiencia de su lectura. De 'El Hobbit', sí

Y fue el principio. Tras la historia de un viaje inesperado para un hobbit contada por Tolkien, siguieron el resto de obras de toda la saga. Varias veces. Incluso leí y releí 'El Silmarilion' y los 'Cuentos Inconclusos'. La tercera vez (y no fue la última) que leí 'El Señor de los Anillos' lo hice tomando notas, con varios marcapáginas señalando mapas, citas, genealogías, hitos, y con el 'The Real World' de Faith No More como banda sonora. Una experiencia completa.

El siguiente paso fue natural e inmediato. Me convertí en lector habitual, sobre todo de fantasía épica, ficción histórica, biografías. Desde Asimov a 'Momo' o 'La Historia Interminable', pasando por 'Darkover' o 'Las leyendas de la Dragonlance'. En aquella época uno tenía tiempo para muchas cosas, para explorar gustos y encontrar hobbies, así que también me aficioné a los juegos de rol, al cine fantástico y la animación, a los cómics, los tebeos, a Tintín, a Asterix, al Teniente Blueberry, a Moebius,... Y empezaron mis primeras tardes con los primeros videojuegos, aquellos que solo consistían en pixels y lineas, o las arcaicas y encantadoras primeras aventuras conversacionales del ZX Spectrum 48K, como la de 'El Hobbit', en la que tenías que guiar a Bilbo Baggins por el Bosque Oscuro en busca de La Desolación de Smaug; Norte, Norte, Abrir puerta, Usar espada,...

La progresión geométrica lógica os dará una idea de cuales son algunas de mis aficiones y gustos actuales. Creo que cuando algo así te ocurre de pequeño, te marca en cierto modo para el resto. Creo que si en lugar de con la obra de J.R.R. Tolkien me hubiera pasado con 'El Principito', por ejemplo, ahora sería una persona distinta.

Mis pequeños padawanes tienen la suerte de tener la madre que tienen. Como buena lectora habitual, y profesora de Lengua y Literatura, no les faltarán los libros. Suele ser su regalo preferido –para hacer, se entiende–. Es lo que siempre hemos intentado regalar a nuestros muchos sobrinos postizos. Cuentos, animales de granja, números y colores, el abecedario... Recuerdo que el primer regalo que me hizo, cuando empezábamos como pareja, allá por el 2000, fue precisamente una novela, 'Tokio ya no nos quiere', de Ray Loriga.

No sé si conseguiremos que se enganchen al mundo de la lectura, que tengan inquietud por leer y aprender imaginando historias y cuentos. No sé si tendrán gustos parecidos a los míos o los de su madre, o si compartirán algunas de nuestras filias y aficiones. Lo que tengo claro es que, cuando lleguen a la edad adecuada, les marque como a mí o no, yo intentaré que lean 'El Hobbit'.

A mí me hizo feliz.
¡Que la Fuerza os acompañe!

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