No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Nativos digitales

Once meses, y ya manejan los dedos lo suficiente como para experimentar, practicar y aprender a manejar botones y, sobre todo, pantallas. Con la misma naturalidad con la que juegan con los bloques de construcciones de madera, los mordedores o los peluches. Es más, agarran el teléfono fijo de casa y su primera intención, aparte de morderlo, es 'tocar' la pantallita con el dedo, como si fiera la del iPhone o la del iPad. Aún no saben lo que hacen, ni cómo manejar un programa del iPad, por muy simple que sea, como el que sale Pocoyó bailando y reaccionando a los toques, pero ya saben que dándole con el dedo en la barriga, el muñeco se ríe. Y ellos se parten de risa con él.


Aprendizaje natural. No sé si en el futuro estas experiencias les serán útiles o no, pero nosotros, hace ya unas décadas, aprendimos de la misma forma a jugar con cromos, canicas, piezas de tente, y sobre todo, con lápices de colores. Hoy en día pocos somos los que seguimos escribiendo 'a mano'. A bastantes personas de generaciones anteriores les cuesta horrores controlar un ratón o una simple pantalla táctil de un móvil, algo esencial para la vida diaria de cualquiera de nosotros. Y yo, a día de hoy, no alcanzo a imaginar lo que serán capaces de manejar mis pequeños en el futuro sin que a nosotros nos parezca ciencia ficción.

Y sólo tienen once meses.

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