No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Vida laboral, conciliación, o lo que sea esto...

Desde hace unas semanas no actualizo el blog. Lo habréis notado. Es poco más o menos el tiempo desde que Ana se reincorporó a su puesto laboral. Y, claro está, el fin de la baja de maternidad, al igual que lo fue la de paternidad, supone muchas cosas más aparte de la vuelta al trabajo.

La primera, al menos para mi, fue la de encontrarme solo durante las mañanas. Realmente la mayoría de días no me da tiempo a sentirme solo. No me da tiempo a pensarlo siquiera. Cuando nos planteamos cómo íbamos a organizarnos para cuidar de los pequeños, se hizo patente que necesitaría reducir mi jornada laboral. El horario normal de mi trabajo es de tarde/noche, lo que me deja las mañana libres (o mejor dicho, disponibles). Pero salir de la redacción a las 11, 12 de la noche, o incluso a las 2 de la madrugada si hago turno de cierre, es incompatible con hacerme cargo de Luke y Leia desde las 7 u 8 de la mañana de forma eficiente, y/o mantener ni salud en unos niveles aceptables.
Así las cosas, recurrí a mi derecho a reducir la jornada laboral. Las 2 últimas horas para ser exactos. Lo que supone también un pellizco importante a la nómina al que renuncio, y cambios en mi situación laboral. La verdad es que solo conozco otro caso de padre con jornada reducida por guardia y custodia. Y curiosamente también es padre de mellizos. Aún me encuentro con caras de extrañeza cuando lo comento con según qué gente. Tanto en mi entorno laboral como fuera de él. Por lo visto que el padre asuma la crianza de sus hijos con la normalidad que siempre se ha supuesto para las madres no es aún lo habitual. Incluso en algún caso he sentido cierto tipo de rechazo unido a la extrañeza. Es algo que aún está muy arraigado en la sociedad, como si esto no fuera cosa de hombres. No pretendo ser un pionero, pero mal vamos si la lucha por la igualdad aún está en estos niveles, y aún tengo que explicar que es un derecho que tenemos todos, madres y padres, incluso los extrañados, y no un privilegio...

El llegar a casa a una hora decente, me permite rendir como padre por la mañana. Tengo que reconocer que los peques son muy buenos, y no todos los días me absorben todo el tiempo. Como también que el tiempo que paso con ellos se reparte entre obligaciones y tareas paternales, y juegos y risas, pero eso da para otro artículo. Para muchos artículos. La de veces que me han comentado que habría días que estaría deseando ir al trabajo y descansar un poco. Y estoy convencido de que según pasen los meses, y Luke y Leia sean más activos, gateen, o anden, no paren quietos un segundo, me vuelvan loco jugando con todo lo que encuentren a su alcance, irá a más.

La otra parte de este status quo que hemos instaurado en casa es la tarde. Para la madre queda la merienda, más juegos, preparar potitos, el baño, acostarlos... Ella lleva más tiempo acostumbrándose a este ritmo, desde el primer mes, pero ahora que se ha reincorporado, trabajar por la mañana, con críos además, y enfrentarse a la tarde sola, también debe tener miga, sobre todo porque suele madrugar bastante. La cuestión es que el día a día está más o menos cubierto. Y cuando coincidimos de descanso -no siempre en fin de semana-, podemos disfrutar de lo que el otro se encarga normalmente.

La idea es mantener esta situación durante al menos el primer año. Decidimos que por el momento no recurriríamos a la guardería. Sabemos que tiene sus ventajas, aparte de dejar tiempo para uno mismo, como que los peques acostumbran a un ritmo académico, se socializan antes, y todo eso. Cosas que puedo o no compartir, pero que no voy a entrar a rebatir.

Los niños tienen a su padre y a su madre, mañana y tarde, a veces estamos los cuatro juntos. Y están empezando a interactuar tímidamente entre ellos. Lástima que no tengamos la familia cerca, tanto por ellos como por los peques. Y por la ayuda que nos prestarían, seguro, que cada vez que entran por la puerta, de visita, nos los quitan de los brazos. Por ahora no hemos tenido que recurrir a la abuela que se quede con los peques una tarde más que una o dos veces. Y tengo que reconocer que en muchas ocasiones he tenido miedo de no poder llevarlo todo para adelante entre nosotros solos, sin tanta ayuda. Y también que en ocasiones siento un poquito de orgullo de hacerlo como buenamente podemos.

Con Ana TODO es más fácil.


En fin. Esta es mi excusa para tener el blog semiabandonado.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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