No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Cuatro vueltas alrededor del Sol en un segundo y medio

La semana pasada mis padawanes cumplieron cuatro años. 1461 días y noches. Son fechas solamente, hace mucho que escribí en este mismo blog que ya no contaba semanas o meses, sino sonrisas. Pero las sonrisas ya son incontables, imposibles de sumar. Hay que inventar otra medida. Los años pueden valer, pero tampoco es la escala perfecta. El tiempo pasa demasiado deprisa. A veces son muy pequeños, y otras veces los veo como niños grandes. En ocasiones la realidad me da tal guantazo que tardo segundo y medio en darme cuenta de que no son ya los pequeños padawanes que tenía que aupar para jugar en los columpios o que no eran capaces de comer solos, vestirse, o jugar a su bola. Pequeñas personitas cada vez menos pequeñas. Si el año anterior fue en el que aprendieron a decir "te quiero", éste ha sido en el que las palabras se han quedado cortas, no soy capaz de procesarlo ni escribirlo todo.

Hace unas semanas, en la tutoría con sus seños, nos enseñaron las fichas que rellenaban, los dibujos que coloreaban. Hoy Leia ha escrito en un folio "ESPARTINAS". Letra por letra, deletreando y repasando cada fonema. Junto a otras palabras, su nombre y el de su hermano. Se ha acercado, espontánea, y nos lo ha enseñado. Y yo me quedo con cara de tonto. Durante segundo y medio. ¿Dónde está la niña que me pide que le lea ese cuento tontorrón de colores y formas? ¿Cuándo ha dejado de ser la niña que me pide que la aúpe en brazos, o la que quiere que le dibuje una casa con flores para colorear?
Como niños de cuatro años, Luke y Leia cantan, y bailan, juegan, pintan, desordenan y alborotan. A veces también recogen. Ríen, gritan, chillan y lloran, como cualquier otro niño de su edad. Caen el vaso de agua en la mesa, y van a por la fregona para limpiar –como puedan– el suelo. Saben que cuando acaba Bob Esponja es hora de salir para el cole. Y apagan la tele. A veces hasta se pelean por el mando para apagar la tele. A veces se enfadan porque en la radio no sale el Rock and roll en la plaza del pueblo en el trayecto al cole, otras cantan el Moneytalks a gritos conmigo mientras conduzco. Otras veces simplemente los escucho que se ponen a cantarla ellos solos. Y no reacciono durante un segundo y medio. Se detienen a esperarme con sus bicis en el bordillo para no cruzar la calle solos. No quieren irse a la cama, quieren seguir con nosotros, quieren otro cuento. A veces, cuando crees que ya están dormidos, piden beber agua dos, tres veces. Las veces que haga falta. Y muchas otras veces acaban junto a nosotros en la cama. Las veces que haga falta.

El colacao muy caliente de Luke, el vaso amarillo y la pajita roja. Las oreoreo de Leia. El chorizo de la merienda, las galletas de Papi, las patatas largas, el arroz, los roscos, los espaguetis naranja, y los helados compartidos. Leia probó la otra noche el sushi. Luke se comió un bol entero de palomitas conmigo. Un segundo y medio tardo en reaccionar cuando recuerdo que no hace demasiado había que prepararles papillas de frutas o biberones con cereales para cenar. O cuando me cambian el paso, o cuando arranca un berrinche inesperado, o cuando Leia se lanza a mi cuello o al de la Maestra-Jedi diciendo "te quiero, Papi", "te quiero, Mami", o cuando Luke le da por ayudarme a preparar la comida o a cargar la leña, o... Segundo y medio tardo en darme cuenta que han dado ya cuatro vueltas alrededor del sol, y yo sigo tratándolos como bebés algunas veces. Me descubro vistiéndolos como si no pudieran intentarlo ellos solos –aún les cuesta algo–, o enjabonándolos en la bañera, llevándolos en brazos a la cama, o contándoles el mismo cuento una y otra vez. A veces lo hago sin pensar, otras tardo ese segundo y medio en darme cuenta de que ya no son bebés. Menos mal que está la Maestra-Jedi para hacer este camino junto a mí, y no perderme.

Acabamos de empezar la quinta vuelta alrededor del Sol. Una nueva vuelta que pasaré de segundo y medio en segundo y medio, viendo junto a la Mestra-Jedi cómo siguen creciendo, y aprendiendo, sorprendiéndome cada día con descubrimientos, nuevos logros y avances, aunque sigan siendo mis pequeños padawanes.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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Comentarios

  1. Que bonitooooo!!! No sabia yo que la poesía también era un poder Jedi!! Muchas Felicidades! Y que sean muchisiiimassss vueltasss masssss!!!

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    1. Es lo que yo llamo un post ñoño, de #papañoño :P
      Gracias. Me alegro de que te haya gustado ;)

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  2. Hay que ver cómo pasa el tiempo! Lo importante es disfrutarlo.
    Un saludo.

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    1. Si, disfrutarlo lo estamos disfrutando. Agotador, pero toda una gozada ;)

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  3. Aiiii que se pone blandito el papi jejejejeje es broma ;) muy buen post, un papá también puede sacar a florecer esos sentimientos al ver a sus pequeños crecer.. Un abrazo

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    1. Claro que podemos sacarlos. Es mas: lo reivindico!!! ;)

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