No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

Un fin de semana diferente

Este fin de semana pasado, casi de forma improvisada, nos escapamos a la sierra. Buscando algo de fresco, y huyendo de la ciudad y de la playa, nos montamos en el coche (de sustitución, el nuestro está en chapa y pintura tras un pequeño incidente circulatorio sin mayores consecuencias) para despedir casi oficialmente el verano.
Los peques han tenido tiempo de tener nuevas experiencias, y ver cosas que en la ciudad es más complicado. Lo pasaron pipa en la bañera-piscina del hotel, jugaron con los gatos ("Ato! Ato! Ato!!!") del lugar, hicieron su primer sendero entre castaños, dieron de comer galletas a las gallinas, charlaron ("Beeee! Beeeeeee!!!") con las cabras de una granja cercana. No se han aburrido.

Para el que no conozca la Sierra de Aracena, os diré que es uno de los atractivos de la provincia de Huelva. Dio la casualidad de que, sin saberlo nosotros, eran las fiestas en varios pueblos de la zona. Así que tras cenar en una plaza de Aracena, nos encontramos de golpe y porrazo en medio de una charanga callejera y un pasacalles de gigantes y cabezudos. Leia estaba dormida, pero os podéis imaginar cómo lo flipó el pequeño Luke. Más pequeño aún entre tanto 'gigante'. Íbamos casi arrastrados por el niño detrás de la charanga. Para la próxima ocasión visitaremos la Gruta de Las Maravillas.
El caso es que como fin de fiesta veraniega, ha sido agotador. Los peques están incansables, activos todo el tiempo, pero además no acaban de pasar las noches tranquilas. Ya sea por la novedad dormir en camas o en sitios distintos, por el calor, o porque aún están echando dientes, no dormimos ni cómo ni tanto como quisiéramos.
Con veinte meses y pico, y nos tienen agotados. Miedo me da, ahora que la mamá está a punto de empezar el curso y volvemos a los horarios 'normales', y me vea de nuevo solo ante el peligro todas las mañanas.

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