No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

P. Sherman, calle Wallaby 42, Sydney

Hace poco tiempo he sido tito de nuevo. Cuando tu hermana pequeña tiene su primer hijo es un acontecimiento especial (¡cómo no!). No por repetido deja de ser verdad, la cara de felicidad de todos es imborrable. Te vienen recuerdos de cuando uno pasó por todo lo que van a vivir, no hace mucho. Solo hace catorce meses en realidad.

Mucha gente estamos ahora pendientes de la nueva mamá y su pequeño, de cómo se están recuperando los dos (y el papá), cómo pasan estos primeros días y semanas, cómo come el pequeño, cómo crece, las tomas, los cambios,...

Una de las frases que más he repetido estos días es que ya no me acordaba de cuando mis mellizos eran así que pequeños (de hecho eran más pequeños aún). Y la verdad es que tampoco recuerdo demasiado claramente los llantos por la noche, los cambios continuos, los consuelos cuando lloraban sin saber por qué, los cuidados constantes que teníamos que proporcionarles, el despertar cada una o dos horas para darles teta o el biberón, las noches en vela o en duermevela, la falta de sueño...

Una vez leí o vi un estudio de esos que aparecen de vez en cuando en alguna revista, canal de TV o muro de Facebook. Venían a decir que los recuerdos y las experiencias se consolidan en nuestra memoria y nuestro cerebro de forma más efectiva y duradera mientras dormimos...:

The memory function of sleep o Sleep-dependent memory consolidation.

Entonces, ¿es la falta de sueño la razón por la que uno olvida los problemas de los primeros días con tus recién nacidos? ¿O es que uno elige olvidar? ¿Podemos elegir? ¿Por qué no olvidamos el primer abrazo, o la primera sonrisa, la primera vez que te agarran fuerte un dedo, o la primera vez que se duermen sobre tu pecho...?

También recuerdo otras ocasiones en las que otros madres y padres ya nos avisaban de lo que los investigadores venían a demostrar, más o menos, con estos artículos científicos: verles la cara feliz, que te miren, sonrían, sus risas, sus juegos, su sueño, compensa todo lo malo. De hecho, te olvidas casi por completo de todo lo malo. Te compensan.

Memoria de padre. Memoria de pez.

P.D.: Muchas felicidades, hermanita ;)

¡Que la Fuerza os acompañe!
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Comentarios

  1. Seguro que es un mecanismo de defensa que tiene el cuerpo ;). Yo siempre pienso en lo borroso que tengo los ratos previos al parto...En fin lo importante es que los buenos siempre quedan!!

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    1. Eso sí, los buenos los guardamos bien en la memoria, que es lo que cuenta ;)

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