No es por ti, es por mí...

Yo soy el que tiene prisa. Yo soy el que tiene el reloj en la cabeza. Tic Tac Tic Tac detrás de los ojos. Yo soy el se pone de los nervios si te pones la camiseta o los zapatos al revés, si no te subes la cremallera, si no te abrochas el botón. Yo soy el que quiere que salgamos ya, el que quiere que estés preparado para salir ya.

Yo soy el que se desespera porque tu hermana tarda en acabarse la leche. Porque tu hermano quiere vestirse conmigo al lado. Yo soy el que tarda un segundo de más en darme cuenta y en pedirte perdón por tirarte del pelo al hacerte la coleta. Y en darte un beso para que me perdones, aunque no haga falta. Yo soy el que olvida estas cosas. El que deja que las prisas me hagan olvidar lo que realmente tengo que hacer. Lo que necesitáis.

Yo soy el que se olvida de lo importante que es ese Pikachu, ese dinosaurio, esa tarjeta. Lo importante que es irnos al cole con ese muñeco al que agarrarse. Iluso. Yo soy el que no se para a desear de verdad buenos días. Yo soy el …

70 minutos

Cada vez que me he puesto a escribir un post en el blog se me ha pasado por la cabeza siempre la misma idea. ¿Cómo no parecer un cretino que se cree que es único? Y la verdad es que uno se siente así, único y especial. Pero lo cierto es que cuando se entra a formar parte de esta gran secta de madres y padres, uno se da cuenta que la cantidad de lugares comunes y máximos común divisores que tenemos todos.
Uno de los rituales es el zafarrancho que se necesita para salir de casa. O para realizar cualquier actividad social que era habitual hasta hace poco. Cenar o comer fuera, quedar con gente que no ves hace tiempo, salir a otra cosa que no sea el paseo, a comprar cosas, ver cine o series en TV,... ¿El cochecito está listo? ¿Han comido ya o nos llevamos los biberones? ¿Dónde están los gorritos? Luke está llorando, tendrá hambre, otra vez. Dale una toma rápida mientras yo cambio a Leia. ¿A qué hora habíamos quedado? Si los acostamos pronto vemos una peli...

Imposible. No es cuestión de dramatizar o exagerar, pero me arrepiento de tantas y tantas veces que en mi vida anterior he caído en el tópico de 'ojalá el día tuviera 25 horas'.

¡Ojalá las horas tuvieran 70 minutos!

Reconozco que soy un desastre organizativo para según qué cosas. La madre me supera con creces en ese aspecto. Pero aun así, aunque esté todo planeado, organizado, aunque intentemos hacerlo todo con tiempo suficiente, casi siempre surge algo que echa al traste cualquier pretensión de mantener el horario previsto...

Pero seguro que todos sabéis ya de lo que os estoy hablando. No es nada nuevo, y lo que es mas: seguro que la mayoría ha pensado también que esto solo os pasaba a vosotros, y que somos únicos y especiales.

Como yo.

¡Que la Fuerza os acompañe!
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